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Una gran despedida como se merecía

R.L./GECG - 31/1/2012
Una gran despedida como se merecía
Momento en que el féretro sale de la casa del Concello de Forcarei. Copyright © Grupo ES., 2012.

Sin duda David Raposeiras tenía amigos, mejor, tiene amigos. Así lo demostraron esta mañana en la Casa del Concello de Foracarei, Pontevedra, después en Aciveiro y,  finalmente, el cementerio de san Bartolomeu de Pereira.

En la casa consistorial ya a eso de las nueve de la mañana se velaba el féretro. Había caras de tristeza, mirando el retrato que estaba en una mesita delante que hacía todavía más presente a David. En el libro de firmas se iban reuniendo testimonios sinceros de quienes le trataron.

Muchos forcairenses pasaron estos días por la capilla ardiente instalada en el salón de plenos de la Casa del Concello. Allí mismo, donde David había debatido tantos asuntos, tantas horas, con los mismos cuadros que había ido reuniendo de artistas importantes en sus paredes. ¡Un ambiente muy familiar!

Acudió gente sencilla pero también personas importantes que le han tratado. Su figura ya de por sí grande en su humanidad se ha agigantado estos días subrayando su hombría de bien y su humanidad. Era un don que tenía y se ve que conseguía llegar al corazón de sus paisanos. Hubo lágrimas, muchas lágrimas sinceras durante el día de hoy. Porque es duro despedirse -¡hasta la eternidad!- de tan buen amigo. Ana, su viuda, llegó a la capilla a eso de la 10 de la mañana y demostró una entereza admirable como el resto de la familia. Sus compañeros en el gobierno del municipio desconsolados, huérfanos como quien pierde a su líder espiritual mas dispuestos a coger el relevo e intentar mantener el listón a la altura de cómo lo dejó David. Hasta las flores, en cantidad y calidad, hablaban del afecto que despertaba este alcalde de Forcarei, su Tierra de Montes por la que daba la vida.

La música de gaita también en su despedida. El féretro salió a las 11.15 de la casa del Concello forcairense y tuvo que atravesar un pasillo formado por la Banda de Gaitas de Forcarei, mientras interpretaban el himno de Galicia. ¡Recio, sencillo, autóctono y muy emotivo!

Cinco minutos antes de las doce ya entraba el féretro en la iglesia del monasterio de Aciveiro. Una iglesia grande pero que quedó pequeña para tantos. Centenares de coches aparcados en su entorno hablaban de una multitud de amigos que querían rezar por él como antes la habían hecho en la capilla ardiente. Y David, de cuerpo presente, en el monumento más importante de Forcarei y de Terra de Montes, la iglesia del Monasterio de Aciveiro. Un funeral consolador, bajo las bóvedas pétreas, con unas palabras amigas y reconfortantes antes de la santa Misa. Un buen número de sacerdotes concelebraron. Y en la homilía no faltó la invitación a rezar por el alma del alcalde-amigo que nos deja en un viaje sin retorno. La muerte –otra idea del predicador- que tiene sentido por la virtud de la Esperanza para un cristiano. Y un deseo universal de que siempre sea primavera en nuestras vidas. Más alto y más claro no se podía decir. Además, el coro ayudaba a la piedad. Unas palabras muy sentidas que se leyeron al final como despedida puesta en boca de David y la bendición de la celebración. 

A la salida de la iglesia otra vez la Banda de Gaitas de Forcarei con la Marcha del Antiguo Reino de Galicia, mientras el féretro era llevado a hombros de amigos de David. Otra vez la gaita de la que entendía el impulsor de la fiesta del Gaiteiro de Soutelo-Foracarei y guardian de la memoria de Avelino Cachafeiro.

El día no amenazaba lluvia pero la ausencia de sol acentuaba la sensación de frío. A unos kilómetros de Aciveiro, en el cementerio de San Bartolomeu de Pereira se hizo más intenso quizá porque la despedida era inminente. Con el paisaje agreste de Terras de Montes en el horizonte, el pequeño cementerio enclavado en un promontorio, se disponía a acoger, con la humildad de cualquier cementerio gallego, el féretro. Aquí se vivieron instantes de cerrada emoción. Los lazos que se introdujeron en el nicho y un solo ramo de flores blancas, “o dos nenos”, y ya el sellado de la tumba con su inscripción provisional.

Fue una mañana intensa. Hubo tiempo para rezar y para recodar hechos y dichos del desaparecido. Cada uno lleva en su corazón muchas cosas compartidas con David. Hoy son su herencia, un legado de humanidad, de cariño, de didáctica de la vida que no debemos olvidar. Fue una gran despedida como él se merecía. 

 
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Salida de la iglesia del Monasterio de Aciveiro. Antes de emprender camino al cementerio de San Bartolomeu de Pereira, Forcarei. Copyright © Grupo ES., 2012.
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