Yo hice esperar a Fraga
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Manuel Fraga, Madrid, julio 2010. |
Recuerdo que era un jueves quizá de 1999. La cena era en el famoso restaurante Vilas del centro de Santiago de Compostela. Estábamos convocados unos catorce periodistas que trabajábamos en la Xunta de Galicia. Me equivoqué y contaba con que la cena empezaba a las 21.30 horas, pero no era a las 21.00 horas. Y conociendo la puntualidad de Fraga, llegué a las 21.10. Cuando pregunté al camarero de la barra dónde era la cena con el Presidente, este me hizo un gesto y subimos las escaleras de dos en dos hasta el comedor superior. Doblo un recodo y me encuentro a D. Manuel Fraga en el centro de este pequeño grupo. Me quedo sorprendido y alguien me da en el codo, mientras me dice saluda al Presidente. El camarero me ofrece una copa de Albariño y Fraga dice: ¡Ahora ya podemos empezar a cenar! Y yo pensé para mis adentros: ¡Tierra trágame! Me senté del mismo lado que el Presidente, en la esquina de su izquierda, buscando pasar desapercibido. De esa ocasión también recuerdo que D. Manuel comentó aproximadamente esto: “Yo he sido Ministro de Información y Turismo; y tengo que decir que el Turismo me ha dado más alegrías que la información”.
En aquella cena tan íntima, en la el Presidente pidió rodaballo a la plancha si no me falla la memoria, demostró que siempre iba por delante. Y por comentarios que hizo durante la cena, a esas horas de la noche, ya sabía lo que se iba a publicar al día siguiente e incluso los titulares de las revistas del corazón. ¡Increíble!
Asistí también a numerosas comidas de celebración de las Jornadas de Comunicación Institucional de la Xunta de Galicia en un hotel de Villalba y siempre acababan con la comida del domingo -siempre cocido con su caldo y de postre queso San Simón con membrillo- a las que venía Fraga y se le felicitabamos por coincidir su cumpleaños (noviembre), regalándole los tradicionales resúmenes de prensa de todo el año que se encuadernaban y de los que salían más de diez gruesos tomos.
En aquellas jornadas Fraga llegaba a media mañana y he presenciado como despachaba algún asunto con alguno de sus conselleiros en el mismo Hall del hotel. Y en alguna ocasión, incluso, la bronca que echaba a uno de ellos quizá por no tener las cosas cómo quería el presidente.
También recuerdo en una inauguración que el Presidente preguntó por qué puerta –había dos- saldría el aperitivo. El joven que era el encargado del acto en aquella empresa pública, aunque no lo sabía, contestó con toda seguridad: “Por aquella puerta, Presidente”, contestó con seguridad, aunque no lo sabía, y por eso no pasó nada. En otra ocasión, en cambio, no funcionó la aplicación de demostración en el ordenador y Fraga delante de todos los periodistas puso verde a aquel conselleiro delante de todos.
Para ver su capacidad de trabajo, bastaba asomarse a su despacho y ver como sus secretarias –eran varias- iban literalmente de cráneo para seguirle. Recuerdo también una anécdota que leí en una ocasión, creo que en el periódico El Mundo y supongo que será real. Fraga le dice a su secretaria: “-Señorita, ahora no me pase llamadas”. Entra en su despacho y, al cabo de un tiempo, por lo que fuese, la secretaria le pasa una llamada telefónica. Al cabo de un rato, Fraga sale del despacho, se dirige a la pared y arranca de cuajo el cable del teléfono, mientras dice: -Señorita, le he dicho que no me pase llamadas.