El mar le ha traído a Vigo hace casi 30 años. Con el corazón grande y generoso de un asturiano –que conste que es de Oviedo-, es un apasionado de la investigación. Se enamora de cuanto hace y dice saber mucho de amor. Es un experto en humanidad. Se confiesa altruista, humilde, alguien que quiere ‘salvar’ –es más, ya lo ha plasmado en la tecnología- al planeta Tierra y lo está demostrando ya con la última tecnología aplicado al mar. Cree en esta misión a pesar de que, por lo poco que le conocen, ya alguno le tache de ‘iluminado’.
Se emociona al hablar de su padre o de la muerte de un hijo en plena juventud, una herida que no cicatrizará nunca. Es amigo de sus hijas y, sin proteccionismos, las ha lanzado a la vida y también a la peripecia empresarial.
Esta acostumbrado a comenzar y recomenzar. Cuanto más lo castiguen las circunstancias o alguna persona, el resurge como el Ave fénix de sus propias cenizas. Y además con un punto de chulería.
Ha viajado por muchos países del mundo. En 27 concretamente trabaja su empresa. Y ha hecho amistades auténticas e importantes que le reclaman una atención para cultivarlas. De esta forma se puede decir que es amigo de sus amigos. Su postal de navidad, de la que se encarga personalmente –tanto en su versión postal como electrónica- es todo un mensaje anual que alimenta y une a sus amistades que la esperan con ilusión y responden como pueden.
Le gusta pasear en su Harley Davidson que cuida con mimo; o tomar el sol en las rocas, mientras contempla el mar. O trabajar en la terraza de su empresa durante el verano. El ejercicio físico es para él vida y lo practica desde siempre con una constancia maravillosa. Su metabolismo está adaptado a descansar cada día tan solo un par de horas desde los ocho años. Le encanta bailar y a muchos jóvenes ha dado lecciones de fortaleza física en el baile.
En cambio, detesta la falsedad, la falta de respeto. Y no le duelen prendas en arremeter contra las entidades bancarias en estas difíciles circunstancias que vive el mundo empresarial no ayudan al empresariado. Le duelen las injusticias institucionales cuando practican un trato discriminatorio. Se precia de llegar a las últimas consecuencias de todos sus trabajos. Le encanta la obra bien rematada, terminada con perfección. Para ello no escatima medios. ¡Ah, no le gusta nunca decir su edad!
Su empresa es su mundo, es más parte de sí, por eso lucha cada día para mantenerse. Su enseñanza a investigadores noveles es altruista por eso le molesta el exigir sin dar o el querer recibir de inmediato el beneficio de lo que se siembra. Siempre ha utilizado su sabiduría para fines nobles. Para el, la crisis ha supuesto un año de reflexión y ¡vaya si ha sacado consecuencias. Por otra parte, ha diseñado con lógica y a su gusto el inmueble, la nave o lo que se diría factoría de ideas, sueños y realidades. Cada cosa tiene su porqué y nada es por nada. También es cierto que no ha nacido grande su empresa sino que ha sido poco a poco, por fases, porque lo que nace pequeño está llamado a perdurar en el tiempo. Lo grande y monstruoso acaba desapareciendo.
Teaxul
Hablamos de Xulio César González Álvarez, presidente e investigador principal de Teaxul, Centro Científico tecnológico de investigación aplicada, en la carretera de Baiona, en Vigo. Un lujo para Vigo y para Galicia que a muchos políticos, empresarios todavía les queda por descubrir. Mientras tanto recala mucha gente importante de otros países en busca del consejo y del asesoramiento científico de su principal investigador.
Xulio recibe al Grupo ES. el 29-S, día de la Huelga que se dijo General. Esta preparando la Feria de Conxemar a la que como todos los años acude con ilusión y afán comercializador. Esta tarde la empresa está desierta por ese motivo con lo cual nadie interrumpe nuestra conversación. Enseña con pasión las instalaciones y ya en la tarde-noche, mientras fuera se ve y oye, a través de la enorme cristalera, caer con cierta intensidad la lluvia. Aquí se consigue plasmar quién es el verdadero Xulio César González. Al final son seis horas con Xulio, en su mundo, difíciles de transmitir con todo su riqueza y contenido.
Xulio César González reconoce que, a pesar de sus viajes y los 27 países en los que trabaja, mucha gente desconoce el fondo tecnológico de Teaxul. A nivel personal, desde hace 27 años que tiene el laboratorio, se define como “persona dedicada en cuerpo y alma a todo cuanto hago”. De su padre asegura –mientras se emociona y no puede articular otra palabra-, “me ha enseñado todo en la vida”. Y más adelante añadirá que aprendió de él a “arriesgar con coraje” en la toma de decisiones. A sus hijas les inculca eso mismo que le han enseñado sus padres y después “la realidad de la vida”. Y añade: “Mis hijas para mí son mis amigas. Las he criado, convivo con ellas y es la fortuna más grande que tengo en este planeta”.
De fondo de esta entrevista, la gran cristalera a las espaldas de la enorme mesa de trabajo en su despacho. Como ‘música’ de fondo la lluvia otoñal que cae en esta tarde-noche en los límites de la parroquia de Coruxo. Xulio contesta con la lentitud que imprime la reflexión previa de sus palabras.
Balanzas de pesaje
Teaxul nació “porque hace unos 30 años se iba a producir un cambio en lo que era el sistemas de pesaje industrial. Se hablaba de un cambio revolucionario en el mundo. Se traba de pasar de la electromecánica a la electrónica digital”. Le llegaron comentarios y le picó la curiosidad. El hizo estudios de ingienería de la rama eléctrica-electrónica y “tomé la decisión de especializarme”. En ese momento, con cuatro amigos más, Xulio se va becado en Stuttrgart, Alemania, para especializarse. Admite que era el único de los que iban a estudiar “que no tenía ni idea de lo que era una báscula”. Solo estaba familiarizado con una báscula que tenía una tía de él en su tienda.
Luego, vendría la combinación con el mar. “El pescado que siempre fue caro había que pesarlo”, recuerda. Y le aconsejaron que se olvidara de la aplicación de la electrónica al mundo del mar por los problemas de humedad. La pregunta, dice, del millón fue cómo se podía pesar en un barco, si lo que se conocía era el pesaje en tierra y bien nivelado. Y le advirtieron que “estaba años luz de poder solucionarlo”. Pero él ya concibió la idea y comenta que, mientras sus compañeros evolucionaron de la electromecánica a la electrónica digital, él ya entró de lleno en la electrónica digital. La realidad es que Xulio César patentó en el año 85 la primera báscula en el mundo para pesar a bordo de los barcos. Este prototipo servía también, con una tecnología similar, para tierra, en cuanto a su plataforma. “Eso fue todo un orgullo para mi el ser el primero en el mundo… con una tecnología que todavía ahora sigue siendo innovadora. Una báscula funcionando con el movimiento del barco…”. Ya en 1986, un año después de la patente, construyó la báscula. Así hace siempre este investigador que cierra el ciclo entregando al cliente el objeto material no sólo los planos. Es más la presentó en una feria y la introdujo en un acuario totalmente inundada. Al cabo de la semana que duró la Feria se sacó del agua y seguía pesando correctamente. Esto es la célula de carga –“el corazón de la báscula”- estaba como antes de entrar en el acuario. “Empeño” y “demostración al mundo” son las palabras que utiliza el investigador principal de Teaxul. Y concluye “eso es lo que es hoy verdaderamente Teaxul. He sido reconocido en el mundo a partir de esta patente con esa tecnología revolucionaria dentro del mundo del pesaje. Este el verdadero punto de inflexión para el crecimiento de Teaxul”.
Teaxul se encuentra entre la “empresa artesana que no puede crecer -bien por presupuesto o bien por tecnología-, y la multinacional -que nunca podrá hacer lo que estoy haciendo porque tendría que crear una empresa y se le podría ir de las manos-. La multinacional tiene empresas pero tiene que emplear otras tecnologías. Teaxul, en cambio, tiene toda la integración de las tecnologías que existen y desarrolla lo que no existe”. Por eso habla de de sus proyectos como hacer “trajes a medida” y la entrega con “llave en mano”. Son cosas que no hay en el mercado y “de lo que no existe en el mercado nos buscan para dar soluciones a las necesidades”.
Para él un empresario es, en estos momentos, “una persona que arriesga un dinero todos los días, que se marcha para casa con muchos problemas, que trabaja muchas horas, que no valora sus horas y que tiene la responsabilidad en estos momentos muy dura de mantener los puestos de trabajo de sus empleados”.
Científicos
Xulio ha tenido, en sus comienzos, sus disgustos con la Universidad, cuando hace años empezó a colaborar con algún departamento. Y abreviando, por mucha documentación que se tenga de Teaxul, la llave para interpretarla es él. Así que, como se suele decir, el tiempo pone a cada uno en su sitio y colgarse medallas ajenas no vale la pena. Ahora, a la vuelta de los años, ya está prevenido y su actuación empresarial no entra en estas dinámicas. Los investigadores internos y externos que trabajan con él, cada uno lo hace en su especialidad pero “la llave del proyecto la tengo yo”, afirma.
De los científicos comenta que “están encerrados, porque es una forma de vida que está planteada así. Si no salen a la calle, es muy difícil que sean capaces de captar las necesidades para llegar a lo que se necesita”.
Este investigador habla de su ventaja en su “deformación de la investigación” de una “gimnasia cerebral”, de “filosofía”, de “tecnologías aplicadas” que sirven para varios proyectos. Xulio es un hombre de “retos” y “necesidades”. Lo deja muy claro.
También descubre sus pequeños trucos para sacar adelante su empresa. Así, hace años, para ganarle la partida a las multinacionales que operaban en Galicia, no sólo aportaba la patente de sus investigaciones a sus clientes si no que se ofrecía durante un tiempo. “Si yo lograba el resultado de lo que esa empresa necesitaba, costaba tanto dinero. Pero, si no lo conseguía, tal y como quedaba por escrito, yo no cobraría nada”.
En Teaxul hay muchas soluciones para los problemas del mundo del mar. Sin embargo, Galicia ha echado poca mano de este laboratorio de investigación. En todos los temas del mar “Teaxul entra con los ojos cerrados”. Ahora mismo tiene entre las manos proyectos para el exterior por ejemplo, en Mozambique, Guinea, Marruecos y Argelia, entre otros. Y por supuesto está en otros dos proyectos interesantes para la comunidad autónoma de Galicia cofinanciados por el gobierno gallego.
A González Álvarez le gustaría que le recordasen siempre como una persona “accesible” a todo el mundo y dispuesto a ayudar en todo lo que esté en sus manos. Y a Teaxul como una “empresa, un laboratorio, un centro Científico Tecnológico de investigación aplicada abierta al mundo del mar”. Además de trabajar en otros temas como biomecánica, aeronáutica… En medio ambiente marino, Xulio César aclara que no está diciendo “lo que hay que hacer, sino haciéndolo”. Un ejemplo es el sistema que permite eliminar el anisakis y depurar en el propio barco otros residuos orgánicos procedentes de la evisceración del pescado.
El mar
El investigador principal de Teaxul afirma que “el tema del mar va retrasado tecnológicamente 30 o 40 años. El problema que hay ahora no es un problema de cuotas, de barcos… Es un cambalache del que nadie no se ha preocupado hasta ahora y, si lo han hecho, no lo han atajado los problemas importantes. Este tema yo lo tengo controlado para que ganen todos. Para que gane el mar, que gane el armador, el intermediario –¡qué no sean tantos, claro!- y para que llegue al plato del consumidor la realidad de lo que paga (calidad)”.
Xulio se ha adelantado al futuro. Hace diez años, en una feria, cuando existían los problemas en los caladeros y nos quitaban las licencias. Repetía que somos los primeros productores o pescadores y los primeros consumidores del mundo de la pesca. Y si nos quitan las licencias, seguiremos siendo los primeros consumidores del mundo pero sin saber realmente lo que compramos y menos lo que comemos. Solamente se podría contralar si el pescado viene con denominación de origen y certificado de autenticidad. Xulio César González Álvarez enfoca la pesca como un “macroproyecto”. Y se refiere a que ya tiene un proyecto de trazabilidad total experimentando con la Asociación de Armadores OPROMAR, en el puerto de Marín, con los resultados ya de éxito esperado.
Xulio César resume todo lo dicho en que “hay que vivir con el sentimiento hacia fuera. Y en estos momentos de crisis la gente hace las cosas sin sentir las consecuencias de lo que ocurra y sin importarle el daño que pueda causar. Esto quiere decir que hagas lo que hagas, siéntelo, antes de hacerlo. Sé sincero contigo mismo”.
Y termina con un secreto que da que pensar. “Yo antes corría mucho e iba por delante de mi destino. Era una persona demasiado activa. Pero un día he parado a recflexionar. Y el resultado es que hoy en día puedo decir que mucha gente tiene los relojes y yo el tengo tiempo. Y este tiempo es el que nos lleva a todos a hacer bien las cosas”.