José Manuel Otero, presidente del grupo hotelero Solvida y propietario del nuevo cinco estrellas de Vigo, Nagari: “Una empresa familiar que esté unida, trabaje y luche tiene el éxito casi asegurado”
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José Manuel Otero Rey, en las instalaciones del Nagari. R.L. |
‘Trabajo, honradez y seriedad’ son los principios que rigen la vida de José Manuel Otero Rey (Sanxenxo, Adina, 1956) que se define como “normal y sencillo”. Este empresario acaba de dotar a Vigo de un cinco estrellas en pleno corazón de la urbe, Nagari y que está de estreno estos días. Un hotel con vistas a la ría y con vistas a la alameda de plaza de Compostela. ¡Todo un lujo!
Otero concibe sus empresas como algo familiar y en ellas toda la familia colabora –y esta es la clave del éxito, dice-, su mujer y sus dos hijos, como “una piña”, repite con insistencia. Le gustaría que sus hijos “mejorasen el proyecto, mío y de mi mujer”, afirma.
Se caso joven. Su mujer ya tenía, entonces, una tienda de ropa, boutique en Sanxenxo. Comenzó su vida profesional trabajando con su padre, pero a los 22 años ya se independizó. En el año 77 o 78, pide su primer crédito de 500 mil pesetas a un banco que se acababa de instalar en Sanxenxo, el Bilbao-Vizcaya. “Con eso empecé. Compraba algún terrenito… contrataba casas … y, al cabo de un año, recuerdo que volví a perdir otras 500 mil pesetas…”.
Con esos contados recursos, Otero Rey veía que si invertía en terrenos no podía hacerlo en maquinaria. Así que un día decidió pedirle a su padre prestada una hormigonera y unos puntales metálicos. Y su padre le espetó un “non che deixo nada”. Se fue llorando “de rabia, de impotencia”, pero con el firme propósito de “te voy a pasar delante. Tengo que triunfar sea como sea”. Dos años después su padre le ofrece el 50% de su empresa y José Manuel no lo acepta, “porque ya estaba encauzado, había dado mis pasos y me iba bien”.
Más adelante su padre se metería en una promoción con una hermana “sin saber mucho” y sin tener “resuelto el tema financiero”. José Manuel, uno de los cinco hijos, le echa una mano y le arregla varias cosas, porque un padre siempre es un padre, y al final el negocio salió bien. Más tarde se lo contaría a su mujer y sus hijos, cuando ya se había resuelto todo. Y con una intención formativa para sus hijos. Dice que a él le gusta explicar las cosas indirectamente, con ejemplo que queden en la mente de sus interlocutores. Es parte de su pedagogía de padre.
Son muchas las anécdotas que se agolpan en la memoria de este hombre luchador que levantó el grupo Solvida con hoteles en Sanxenxo y ahora en Vigo, entre otras empresas. Ahora se cumplen trece años desde que se metió en los negocios de hostelería.
En su peripecia empresarial ya conoció otras crisis como la del 79 que califica de “peor que ésta” –intereses al 20%, caída del consumo…-, para este empresario que estaba en sus inicios “no fue fácil”, y confiesa abiertamente, “lo pasé mal”.
En los años ochenta, la cosa cambió. “Pedí otro préstamo de 4 millones de pesetas. Aquello ya fue más grande… y empecé a promover mi primer edificio. Fue entonces cuando comenzamos a salir adelante…”, explica.
Reconoce que hace trece años “nos metimos a hacer un hotel sin tener idea de hostelería y… aprendimos muy rápido”. Nuevamente José Manuel Otero hablá de su mujer “que es tanto o más que yo en la vida…”. Siempre se han apoyado mutuamente en los negocios invirtiendo las ganancias de uno en el negocio del otro y viceversa.
Rememora aquel primer hotel en la parte alta de Sanxenxo, retirado de la playa. Y los 4 años hicieron el segundo hotel cerca del primero. Y todo el mundo le decía –ya con el primero- que estaba loco,… “hacer un hotel en medio de unas viñas, con una carreteiriña… hoy, por fin, ya con una calle bien urbanizada”. Sin embargo, para él “era un lugar tan bonito, tan bien orientado, con unas vistas, con una paz y tranquilidad…. Yo estaba seguro de que, si se llevaba a cabo la idea que yo tenía y las cosas bien hechas, … vendría, como vino, el éxito”.
Más tarde sus hijos se incorporaron al mundo del trabajo, uno en la hostelería y otro en el mundo de la construcción y promoción. Y concluye que ahora “estamos todos a todo”. Por que, eso sí, esta familia es de las de estar al pie del negocio.
Hotel en Vigo
La idea del hotel en Vigo se llegó de forma curiosa. Otero Rey compró el solar hace tres o cuatro años para hacer viviendas de lujo, con precios que oscilarían entre 1,5 y 3 millones de euros. “Había una lista de 200 personas con nombres y apellidos”, dice retranca. Entonces, estudia el proyecto ya con licencia. Y cuando empieza a llamar a la gente de los dos centenares, contabiliza con asombros que sólo le queda una persona verdaderamente dispuesta a comprar. Pasaban las semanas y los meses y nada, con la premura de lo caro que es el suelo en el corazón de la ciudad, y más en plaza de Compostela. Entonces reúne a la familia para pensar entre todos qué hacer y decidieron “pasarlo a ser hotel”. Otra vez a un arquitecto y, efectivamente, ven que se puede hacer un hotel en el inmueble. Y, concluye, Nagaria “nace así, de la crisis”.
José Manuel Otero quiere que Nagari sea “un hotel de referencia en Vigo” para toda la gente que viene de fuera. Y para los vigueses, que Resturante Alameda XXI sea un “restaurante de referencia”. Y un hotel “abierto a la ciudad” con el spa y todos los servicios paralelos que ofrece. “Y que la ciudad se sienta orgullosa de él”. Y, a estas alturas, habiendo abierto el día 3 de septiembre, su propietario afirma “que la ciudad lo está valorando mucho y eso me satisface y me llena de orgullo”.
Respecto al tamaño del hotel Nagari, cinco estrellas, Otero Rey cree que tiene el tamaño justo –suraya que está en el corazón de la ciudad- para dar un servicio “esmerado y de caldidad”. Eso no quiere decir que, en otras circunstancias, le hubiese gustado tener más salones y más grandes.
Para sus huéspedes José Manuel Otero dice que “se van a encontrar a gusto, mejor que en su casa”. Y señala que esta es una aspiración de todo el que sale de casa, “quiere encontrarse mejor”. Además, de encontrar todo lo que da el spa, el agua, los masajes, los tratamientos… Y este punto se refiere a la “especial sensibilidad” de uno de sus hijos con estos temas de hostelería y concluye que “la gente lo va a apreciar”.
El equipo
Para José Manuel Otero Rey lo importante es el personal de un hotel. “Podemos hacer el hotel más bonito, de más categoría, de calidad… pero, si al final el equipo humano no acompaña, el proyecto está llamado al fracaso”. Y este sentido subraya que “somos gente trabajadora… y lo vamos a conseguir”. Para ello, “el personal que se sienta a gusto y como en familia” y el cliente “se lleve esa sensación, bien atendido, mimado… ¡qué eso sea lo más importante!”, redondea Otero Rey.
En su trayectoria profesional y personal, el hotel de Vigo “es un reto muy importante” para la familia Otero. “Algo muy fuerte, por el momento que estamos pasando”. Y añade, sonriendo: “Yo que soy un hombre optimista, dentro de lo que es el optimismo, al final … si no fuese la crisis, no tendríamos el hotel, seguro. Creo que vamos a salir perfectamente, aunque los tiempos son difíciles …” y se remonta al año 77 o 78 en el que a nadie se le ocurría montar nada. “Pues yo empecé en esos momentos, y ésto me recuerda un poco ese momento también”. Y aporta la receta: “Si se lucha y se trabaja, se sale adelante”.
Así resume este empresario pontevedrés la salida de la crisis: “Trabajar y, si es una empresa familiar –que son mayoría-, que esté unida y que luche, tiene el éxito casi asegurado”.
Al cabo de los años, a José Manuel Otero Rey le gustaría que en Vigo se recordara a la familia Otero como “luchadora, trabajadora y sencilla”.