Julián Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela: 'El Año Santo, el Camino y Santiago Apóstol son signos de esa inquietud de búsqueda que vive el hombre de nuestros días'
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"Yo considero que -de manera especial esto lo estoy percibiendo este Año Santo-, hay muchas personas que podemos definirlas como buscadoras de Dios. Para ellas la preocupación es –seguro- qué es Dios para ellas y qué son ellas para Dios. Son dos preguntas que creo están muy presentes en esta manifestación religiosa y espiritual que estamos viviendo en este Año Santo Compostelano”, explica el Arzobispo, Julián Barrio. R.L. |
El Arzobispo de Santiago, Julián Barrio Barrio (1946, Manganeses de la Polvorosa, Zamora), tiene muy claras las directrices por las que se guía desde siempre: “Ser lo más fiel posible a la misión que a mí, en este caso concreto, la Iglesia me ha encomendado”. Y esto durante toda su trayectoria eclesial: “Primero como sacerdote; segundo como rector del Seminario de Astorga; posteriormente como obispo auxiliar de Santiago de Compostela y, desde hace 14 años, como Arzobispo de esta diócesis”.
El Grupo ES. le visita en la sede del Arzobispado, en la plaza de Inmaculada, el edificio pegado a la fachada de la Azabachería de la Catedral. Un edificio con todo su sabor antiguo desde la entrada. En su interior destaca la antigua portada esculpida en piedra que fue, en su origen el acceso principal, y que con una ampliación del edificio, explica Julián Barrio, quedó en el interior del edificio y que hoy da paso a una antesala de su despacho. Muchos cuadros de los anteriores arzobispos cuelgan de las cuatro paredes de esta y otra sala. Julián Barrio recibe a la puerta con la sencillez y cordialidad que le caracterizan. El Año Santo le tiene desbordado de actos y tareas, pero hace un hueco en su apretada agenda.
Cuando tomó posesión de este cargo –hace memoria-, “lo primero que se me pasó por la cabeza fue dar gracias a Dios porque yo lo considero como un don, como una gracia del Señor y, después, por otra parte, tomé conciencia de que la tarea no iba a ser fácil; y a continuación le pedí al Señor que me acompañara constantemente –nunca mejor dicho-, en este peregrinar a través de la Diócesis de Santiago de Compostela. En resumen, agradecimiento por una parte y, por otra, súplica al Señor para que no me faltara –como ciertamente es así-, su gracia a la hora de realizar el ministerio episcopal que se me encomendaba en esta Archidiócesis”.
Cada jornada el Arzobispo de Santiago la aborda “con la preocupación de que en este día sea capaz, con la ayuda del Señor, de acercarme más a Él y, lógicamente, ayudar a todas aquellas personas, que en la jornada voy a tener la posibilidad de encontrarme con ellas, a acercarse más a Dios. Esta es la preocupación que ha de estar inherente en el ejercicio del ministerio episcopal”.
La Catedral
La santa misa del Peregrino que celebra cada día Julián Barrio a las 12.00 horas no deja de suscitar en él sentimientos y sensaciones varios. “Realmente, se vive una sensación muy gozosa. La Catedral de Santiago, no sólo a las 12.00, sino en otros momentos en los que se celebra la Eucaristía, uno percibe la catolicidad –esto es universalidad- de la Iglesia. En el sentido de que uno se encuentra con personas de distintas nacionalidades, de distintas lenguas, y me imagino que con distintos sentimientos, con distintas preocupaciones; cada cual trayendo esa ofrenda de gratitud y de súplica así como siendo signo de esa inquietud de búsqueda que vive el hombre de nuestros días. Yo considero que -de manera especial esto lo estoy percibiendo este Año Santo-, hay muchas personas que podemos definirlas como buscadoras de Dios. Para ellas la preocupación es –seguro- qué es Dios para ellas y qué son ellas para Dios. Son dos preguntas que creo están muy presentes en esta manifestación religiosa y espiritual que estamos viviendo en este Año Santo Compostelano”, explica el Arzobispo como quien lo tiene bien experimentado.
Encontrarse con uno mismo y encontrarse con Dios parece que a esto invita el Año Santo. “Toda la peregrinación jacobea, el hecho de participar en el Año Santo Compostelano es una ocasión providencial, a mi modo de ver, para tantas personas con el fin, primero, de encontrarse consigo mismas. Hoy, creo, es muy importante encontrarnos con nosotros mismos. A veces, damos la impresión de ser fugitivos más que peregrinos. Es decir, el peregrino sabe de dónde viene, sabe a dónde va y, consiguientemente, asume con responsabilidad el momento concreto que le toca vivir. Con dificultades mayores o menores, pero lo sabe asumir. En cambio, un fugitivo no sabe de dónde viene ni a dónde va. Por eso es muy difícil pedirle responsabilidad en el momento concreto en el que estamos. En este caso concreto, creo que es importante ir a peregrinar. La peregrinación jacobea, el Año Santo, posibilita ese encuentro con uno mismo. En definitiva, como dice uno de nuestros poetas, ‘no corro –dice él-, porque a dónde tienes que llegar es a ti mismo’. Y esto a veces no es fácil, es complicado. Y el Año Santo, en este sentido, es una situación providencial que nos posibilita esa realidad. Otra cuestión es también encontrarse con los demás. Porque estamos, a veces, viviendo la vida un poco ignorando a todos los que tenemos a nuestro alrededor. Y, evidentemente, nos ahogamos en nuestro propio horizonte que es un horizonte muy estrecho. Y, lógicamente, encontrarse con Dios. En este momento, percibimos que olvidar a Dios es olvidar la realidad y la causa del Hombre. La necesidad de tomar conciencia de que Dios es la mayor garantía que el Hombre puede encontrar. Estas tres perspectivas o realidades nos pueden ayudar a nosotros a recuperar esa Antropología cristiana, fundamental para descubrir la dignidad de la persona humana y defenderla en cualquiera de las circunstancias de su vida”.
En cuanto a mensajes específicos Julián Barrio a la juventud les diría que “vivan con esperanza”. Y a los padres de esa juventud “que tengan paciencia porque hoy el acompañamiento de sus hijos y de las personas en la sociedad hoy exige mucha paciencia, mucha confianza, mucha fidelidad a Dios, a los demás y a uno mismo. Lo cual lleva a uno a comportarse con lealtad, en el acontecer de la vida de cada día”.
La dignidad de la persona
El Arzobispo de Santiago aconseja a los empresarios que están pasando malos momentos que “en las decisiones tenga que tomar que siempre las evalúen en el contexto de la dignidad de la persona. Es decir, todo tiene que tener como referencia la persona humana y su dignidad. Creo que si se hace así, aunque, a veces, sean realidades duras y difíciles, al final tendrán el resultado que todos deseamos y que no es otro que poner al servicio de la persona aquellas realidades que le puedan ayudar a realizarse. No sólo en el aspecto físico y material sino también en el aspecto espiritual, en su condición integral que es lo que puede dar respuesta a aquello que la persona está buscando”.
Julián Barrio explica el sentido auténtico, genuino del año jacobeo. “El Año Santo nos tiene que ayudar a todos. Yo suelo decir que no puede ser un discurso religioso vacío, que no puede ser tampoco una huída espiritual. El Año Santo nos tiene que ayudar a todos a acoger la gracia de Dios en nuestra vida. Vivir esa transformación personal y a través de ella ir también transformando la realidad concreta en la que nosotros nos encontramos. Yo deseo que Año Santo nos ayude a todos a hacer un discernimiento de la realidad concreta desde la perspectiva de nuestra fe. Y después actuar en consecuencia”.
El contacto con los peregrinos, lo define el Arzobispo como “gozoso” y “enriquecedor”. ¡Ojala este año tuviera más tiempo para poderles dedicar también a ellos (a los peregrinos) esa atención debida, esa hospitalidad que al peregrino ha de ofrecérsele en toda circunstancia! Una de las cosas que más me impresiona en el diálogo con los peregrinos es que ellos mismos se dan cuenta de que en el Camino ellos pueden aprender a vivir con austeridad, en orden a que muchas cosas que nosotros tenemos y muchas veces no nos sirven para nada. En el sentido de que las adquirimos sin mayor discernimiento, con eso se puede servir y ayudar a los demás. La austeridad de la que el peregrino toma conciencia a lo largo del Camino, le lleva después a entender que eso le posibilita para ayudar a muchas personas que en estos momentos se encuentran con muchas dificultades. El fin de la austeridad es, de alguna forma, entender que en lo poco o en lo mucho puede también ofrecérselo a los demás para que no carezcan de lo que muchas personas hoy no tienen. Otra de las realidades que los peregrinos reflejan profundamente es que no son capaces de percibir en el día a día la riqueza de la Creación en todos sus aspectos. En cambio, haciendo el Camino, los peregrinos entienden que hoy el silencio que uno debe mantener forma parte de nuestra vida, no es una realidad vacía sino que posibilita para hacer una reflexión y un discernimiento de esa situación que vive el Hombre como un peregrino constante a lo largo de su vida en camino a esa meta de la ciudadanía de los santos. A mi modo de ver, el peregrino redescubre su vocación a la Eternidad y su llamada a la santidad. Desde el punto de vista de los peregrinos que no tienen fe o la han perdido, el Camino de Santiago es también una posibilidad reavivar esa actitud de búsqueda con la que debemos de vivir constantemente en nuestra vida”.
Símbolos
El peregrino, el Camino, la plaza del Obradoiro, la Catedral son símbolos de esta peregrinación. Julián Barrio sintetiza su significado. “El Camino de Santiago es un camino de perdón, en el que el peregrino toma conciencia de ese proceso de conversión que es una realidad inherente a su vida. El peregrino es aquella persona que se pone en camino para vivir el encuentro con la Tradición apostólica que fundamenta nuestra fe a través del Apóstol Santiago. Y, a través del Apóstol vivir ese encuentro con el Señor que, en definitiva, es la Meta, el Camino, la Verdad y la Vida. La plaza del Obradoiro es el ámbito en el que los peregrinos, cuando llegan a Santiago, no pueden menos de admirar la belleza, la verdad y la bondad de un edificio como es la Catedral de Santiago que realmente da mucho que pensar. En el sentido de que en el mismo Pórtico de la Gloria encuentra o puede ver lo que es la realidad del Hombre peregrinando hacia Dios, hacia la Jerusalén celestial. ¡Que en definitiva es la meta a la que nosotros tenemos que llegar!”.