Juan Martínez Domínguez, presidente de Residencial Monasterio de Oia, SA: 'Calentándose la cabeza, empujando, sin rendirse, buscando apoyo y cooperación… así tiene que salir adelante el proyecto'
Juan Martínez Domínguez, presidente de Residencial Monasterio de Oia, SA, propietaria actual del inmueble y los terrenos. Este patio a modo de 'eira' tenía varias funciones. Martínez Domínguez ante las piedras para construir una fuente que había traído uno de los anteriores propietarios. R.l.
El monasterio de Oia es para Juan Martínez Dominguez, presidente de Residencial Monasterio de Oia SA y director general de Vasco Gallega de Consignaciones, una “condensación de ilusiones, de trabajo, de proyectos, de reflexión y de objetivos que esperamos alcanzar en un plazo de dos años”. Martínez Domínguez se define como “espíritu inquieto y emprendedor” y esto ayuda a comprender esta aventura en la que se embarcó. Y confiesa que lo hizo en este proyecto porque se veía “que se podía hacer algo rentable y beneficioso”. Por eso, “calentándose la cabeza, empujando, sin rendirse, buscando apoyo y cooperación… así tiene que salir adelante el proyecto”, dice muy seguro de sí mismo.
Martínez Domínguez es un amante de la Historia. Pero, no, de esa historia que solo acumula fechas y datos, diríamos memorística, sino de la historia real que sirve para explicar muchas cosas de cómo vivía la humanidad antes y ahora. Desde joven ejerció de guía turístico y esto quizá transmite algo más su empeño en este proyecto. Es un buen anfitrión y sus explicaciones durante la visita no son las de un propietario al uso. Se emociona, por ejemplo, cuando al entrar en la bodega del monasterio y razonar cómo, por medio de las ventanas de dimensiones muy calculadas, se crean corrientes de aire que permiten que esta estancia mantenga uniforme la temperatura adecuada para la conservación del vino. O incluso el sistema de ventilación de la letrina para evitar los fétidos olores.
Origen benedictino pero Cisterciense
En una visita del Grupo ES. a este monumento, originariamente benedictino y luego cisterciense, que acumula 800 años de historia, Juan Martínez enseña “no sólo de evolución de la arquitectura sino de historia de la cultura”. También subraya la importancia de la existencia de una botica porque cultivaban plantas medicinales en el monasterio. Además los monjes enseñaron a los vecinos el cultivo de la vid, distribuyeron el maíz por toda esta comarca. Incluso en los montes de aquí, explotaban las manadas de caballos salvajes. Les cortaban las crines con las que se hacían tejidos para sus hábitos, para colchas… Enseñaron a administran las granjas e incluso a trabajar la piedra, la cantería”, explica el presidente de la sociedad que gestiona este proyecto.
Pero el influjo de los monjes iba más allá. “El camino monacal a Santiago de Compostela pasaba por el monasterio de Oia (los peregrinos cruzaban la frontera del Miño y subían desde A Guarda hasta Redondela, donde se unen las tres rutas portuguesas haciéndose una hasta su destino). En aquel entonces la influencia cultural del monasterio llegaba hasta Lisboa... Los monjes también contribuyeron al desarrollo de los puertos marítimos de Baiona y de A Guarda… Incluso ejercía el monasterio la defensa de la costa de los piratas y para eso contaban con cañones cuyas troneras se pueden ver hoy en día en el patio de armas que mira al mar”.
Un proyecto cultural
El proyecto de Residencial Monasterio de Oia SA para el monasterio no es hacer simplemente un hotel de la antigua construcción. “Se trata de poner en valor la historia del Monasterio de Oia. Será un centro turístico pero también cultural, de investigación, de conocimiento… Aquí podemos combinar Historia, Arte, Naturaleza y Medio Ambiente. La proximidad del mar y los bosques, la zona próxima también de montaña con sus ríos y riachuelos… Es una comarca rica en arte rupestre con una de las mayores concentraciones de petroglifos de Galicia…todavía siguen apareciendo nuevos petroglifos –como los recientemente descubiertos con motivos de embarcaciones de vela que apuntan a una actividad comercial aquí- que se están catalogando. Todo esto hay que ponerlo en valor para que genere turismo cultural, no sólo un turismo de descanso”, apunta, en una desbordante descripción, Juan Martínez.
Desde que la SA adquirió este lugar Martínez Domínguez ha procurado firmar acuerdos institucionales para hacer posible el proyecto. Es el caso, con Patrimonio donde ya han finalizado; con Costas, organismo con el que “lentamente vamos solventando todos los problemas”. Le preocupa a este empresario que una vez acabadas las obras puedan contar inmediatamente con la licencia de habitabilidad y ocupación, que ahora están pendientes de la traída de agua y del alcantarillado, para que el proyecto se sostenga económicamente.
Futuro
Una vez que se abra el Monasterio, Juan Martínez sueña ya con que “los visitantes se den cuenta que esto es un centro más cultural que turístico. Aquí lo que se busca es cooperación e innovación. No se trata de un lugar para venir a comer, cosa que se puede hacer en muchos otros sitios o descansar. Los visitantes vendrán a cambiar de su actividad diaria. Descansar, sí, pero incrementando los conocimientos en el aspecto cultural, histórico, artístico, botánicos, gastronómicos, de salud, entre otros. Además el Monasterio tiene que estar abierto todo el año. El invierno es largo y esto tiene unos costos fijos muy importantes. Así que tiene que estar abierto a distintos tipos de colectivos como al turismo de salud o al turismo de idiomas. Tenemos ya establecidos contactos para hacer cursos intensivos de español para extranjeros aquí”.
Turismo
El director de Vasco Gallega cree que hoy en día, en Galicia, “tenemos que vender más el valor cultural e histórico de nuestra autonomía. No es suficiente vender gastronomía, playa y sol. Nosotros tenemos que atraer turistas fuera de la época estival. Hoy los visitantes buscan turismo deportivo, de aventura, de conocimientos… Entonces se precisa organizar actividades guiadas como en otras regiones para que los visitantes disfruten, descansen y aprendan”. Este empresario ya ve familias que acuden con sus hijos y a éstos se le dan unas clases de interpretación de la Naturaleza…
Martínez Domínguez espera que el Monasterio de Oia se convierta en “un dinamizador turístico de las comarcas del Baixo Miño y Val Miñor coordinándose con otras asociaciones y empresas. En estos momentos estamos en contacto con una sociedad de deporte-aventura que se está constituyendo y que actuaría en esta zona próxima de monte. Aquí se pueden hacer muchas cosas como submarinismo –incluso hay barcos hundidos-; surfing, hubo un proyecto de un campo de surfing… De todos modos, lo que hay que explotar aquí es el monte… Se pueden hacer magnificas pistas de bicicletas de montaña sin el peligro de la carretera… “.
Oferta conjunta con la comarca
Como empresario Juan Martínez tiene muy claro que para que despegue este proyecto, además de la coordinación entre las administraciones y la fuerte inversión –“que requerirá unas sucesivas ampliaciones de capital en la SA”, precisa-, se necesita una acción de publicidad y marketing conjunta con las comarcas y la mancomunidad ofreciendo una imagen global –“vender todo el entorno, vender diversificación”- para que el visitante se quede varios días o marche con la inquietud de volver porque no tuvo tiempo a verlo todo. Y resume esta necesaria actitud: “Hay que unirse, hay que luchar, hay que empujar, innovar continuamente…”. Y en su visión de futuro está la necesidad de “club náuticos que proporcionen embarcaciones para toda la familia… a precios competitivos; también la importancia de que en esta zona haya un campo de golf –no por este deporte sino por la diversificación y desestacionalización turística-“. Y añade que en el norte de Portugal están previstos 5 campos de golf. Y Martínez Domínguez recuerda que la sociedad propietaria del Monasterio de Oia está abierta a colaboraciones y sugerencias que sumen y aporten un valor añadido al proyecto que contempla 28 puestos de trabajo fijos. “Hay que buscar todo tipo de iniciativas para que una vez que se abra el complejo residencial del Monasterio mantenga un nivel mínimo de ocupación del 60%”, apunta.
Lo más negativo del proyecto, hasta ahora, valora Martínez Domínguez, han sido los retrasos en las obras y dos inviernos muy duros le han obligado a realizar obras urgentes de conservación como la reposición de tejados por valor de 900.000 euros, sin incluir los gastos de limpieza y mantenimiento.
A pesar del retraso
A pesar de todo, este empresario promete dar la batalla. “Yo creo en el objetivo. El Monasterio de Oia puede ser un referente turístico, en Galicia. El retraso no puede hacer abandonar este objetivo”. Y añade: “Hay cosas fáciles y difíciles, pero cuando los objetivos son claros y concretos hay que luchar también por los difíciles, no solo por los fáciles”.
Desde el punto de vista personal, Juan Martínez Dominguez, confiesa la singularidad del objetivo para justificar su afán por sacarlo adelante. “El Monasterio de Oia es un monumento histórico declarado Bien de Interés Cultural, BIC, en 1931. Es el único monasterio de la Península Ibérica que está situado pegado al mar”. Y a continuación enumera lo que le enamora de este conjunto: “Las puestas de sol son un relax, puedes contemplar un temporal, oír el ruido de las olas del mar, detenerte ante el río Lavandeira que pasa por uno de sus laterales, moverte por estos claustros, ver las estancias abovedadas… ¡esto es una maravilla y hay que sacarlo adelante!”.
El 75 aniversario como BIC
A un hombre como Juan Martínez al que le anima un espíritu de guía turístico y un buen conocedor de la historia, le duele ahora no poder enseñar esta joya a tanta gente que se acerca al Monasterio. “A esa gente yo le he dedicado mucho tiempo… Personas que se desplazaban y que tenían interés cultural, y yo, por ellas, me sacrificaba enseñando el Monasterio. Ahora no tenemos las medidas de seguridad necesarias y no puedo abrirles. Tenemos un seguro por si hay algún derrumbe, pero que no cubre a visitantes. Entonces esto no puede estar abierto al público tal como están los tejados y las instalaciones. Nosotros en el año 86, celebramos el 75 aniversario de la declaración de BIC del monumento y gastamos una cantidad importante de dinero para que se pudiera visitar. Y estuvimos durante dos meses abriendo los sábados y domingos, con guías turísticos. Recibimos ayudas de la Diputación y de otras instituciones. Así que hemos hecho una labor cultural que ha sido muy importante. Además hemos creado una página web sobre el Monasterio para relanzar su labor cultural y hoy en día recibimos correos con inquietudes y los contestamos todos. Muchos nos dicen que a ver cuándo abrimos de nuevo, para poder visitar el Monasterio. Y nosotros seguimos con la ilusión del principio”.
Yo tengo grabado en la mente el lema de la Universidad de Santiago, que fundó el cardenal Cisneros, ‘Tempus fugit’. Demorar la solución de los temas, los encarecen, no los abaratan. El tiempo es oro, según una frase común que utilizamos. El Monasterio de Oia tiene un mantenimiento de unos 150.000 euros al año. Entonces, todos debíamos ponernos las pilas y agilizar al máximo, comenzando las obras y ponerlo en funcionamiento lo antes posible. Esto lo digo con el corazón y ruego que se tomen todas las medidas para que esto se haga a la mayor brevedad posible con total garantía y seguridad”.
Juan Martínez, pensando en el escenario de la inauguración, en ese momento, diría: “Todos los esfuerzos y el tiempo dedicado han valido la pena. Es la satisfacción del objetivo cumplido. Y, si ese objetivo no se cumple, tendré siempre el arrepentimiento y la pesadumbre de que le he dedicado tiempo y dinero y no he conseguido. Eso es fracaso empresarial y, la alternativa, es el éxito empresarial, alcanzar la meta que te propusiste, que es por lo que trabajo”.
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Sobre esta información...
Monasterio de Oia, 800 años de historia.
Más que un centro turistico.
Turismo cultural.
Proyecto dinamizador del Val Miñor y del Baixo Miño.