“Soy una persona con gran entusiasmo por todo aquello que supone Educación, tanto a nivel profesional como institucional y político. Pero sobre todo profesional”, asegura la concejala de Educación de Vigo, Laura López Atrio, en su despacho del edificio del antiguo Rectorado, en la esquina que da a las calles Oporto y Areal.
Los ideales educativos de López Atrio (es licenciada en psicopedagogía) comprenden la formación de la persona en su integridad. Para ella la educación, más allá del ámbito profesional es “calidad de vida. Es lo más importante que un ser humano puede tener. No hay dinero que la pague ni nada que la sustituya. Sin educación la persona es muy poca cosa. Con educación se puede ser muy feliz y va a dar a la persona muchas satisfacciones, un desarrollo de las capacidades. Yo creo que sin educación no se concibe la vida”.
En su intención está el empeño por extender este bien de forma universal. “Me gustaría que esta ciudad fuese una ciudad educativa. Es decir, que desde el nacimiento de un ser humano hasta su muerte esté rodeada de verdadera educación. Que la familia, la escuela y la sociedad, tanto a través de las actividades educación reglada como la no reglada, formen y preparen a las personas. La educación aporta una disciplina y un saber estar y hacer; unos valores que sólo se pueden adquirir así”.
Esta orensana de nacimiento lleva ya más de 35 años en Vigo. “Recuerdo mi primer destino educativo, el colegio público Pardo Bazán –entonces se le conocía, todavía ahora, por El Chouzo-. Allí pasé mis mejores momentos de la profesión. Tuve mucha suerte. Grupos de alumnos maravillosos. Conseguimos, trabajando muchas horas con ellos, premios escolares incluso a nivel nacional. Era muy satisfactoria la relación con el profesorado, los padres y el alumnado. Había más de mil escolares y fui secretaria del centro durante cinco años… “. Y resume, como gran profesional que es: “No me llegaban las horas para estar allí… Fui muy feliz. Me dieron muchas satisfacciones los alumnos. Aún hoy me saludan, lo cual para un profesor es de agradecer (aunque siempre tengamos fallos y defectos). Fue maravilloso poder dedicar tantos años a la enseñanza”.
En la tarea educativa, López Atrio, si de algo se queja es de que hoy en día no se da valor a la “responsabilidad, a valorar el esfuerzo, la dedicación, la atención… También es cierto que en las familias, al tener que buscar un medio de vida los dos cónyuges, aunque no justifica que no atiendan a sus hijos, lo cierto es que queda mucho menos tiempo para estar con ellos. También lo que echo en falta es que los niños no disfruten del hecho de llevar unas buenas notas, de la responsabilidad que supone hacer las cosas bien, de la satisfacción de los padres por sus resultados o de dar algo por tanto y tanto que reciben. Me llama la atención que no les duela suspender, que no se esfuercen por llevar a casa buenas noticias… En definitiva, que no les importen ciertas cosas. Esto me extraña muchísimo…”.
Aunque esta concejal viguesa, recientemente jubilada como funcionaria de Educación, no tiene dedicación exclusiva (curiosamente la única, por cierto, del grupo de gobierno), no falta a ningún acto educativo que se celebra en la ciudad, porque le interesa todo lo relativo a su departamento. “Es de mi responsabilidad acudir a todo evento educativo”, señala como criterio de actuación y principio para confeccionar su agenda. Además, le gusta que la comunidad educativa, sobre todo el profesorado, la vean en los distintos actos que organizan, para así transmitir su cercanía y la atención y representación institucional. “Para mi y para mis compañeros profesores (¡que lo siguen siendo!) es esencial participar en sus problemas, ayudar en todo lo que pueda… Que vean que –al solicitar ayudas de la administración local y aunque no siempre, por desgracia, se pueden satisfacer-, al menos nos esforzamos por dar las que son posibles y, a veces, hacemos más de lo que nos corresponde”.
Preguntada por sus virtudes más sobresalientes, Laura López Atrio destaca la de “no escatimar tiempo al trabajo. Las cosas me gustan muy bien hechas. Entonces les doy mil vueltas y, aunque soy rápida haciendo las cosas y tomando decisiones, no me gusta perder el tiempo, e intento hacerlas perfectas. Esto me lleva a estar incómoda conmigo misma. Creo que es más un defecto que una virtud”.
Cuando Abel Caballero, el alcalde de Vigo, le propuso llevar el departamento de educación, López Atrio pensó que “era una oportunidad de oro para desarrollar mi experiencia profesional como funcionaria de educación con más de 40 años de servicio”. Ciertamente, esta profesional ha puesto siempre en primer lugar su trabajo. Tanto es así que “ha repercutido a nivel positivo” en su vida también personal, porque tanto su marido como sus dos hijos se dedican a la enseñanza. “Incluso les pedí que se decidieran por otra profesión, pero … nada. No fue posible”. Y añade que también con ellos “he tenido mucha suerte”. Explica que estudiaron filología hispánica y que son “grandes lectores como mi marido y yo”.
“En casa –añade- no sabemos hablar de otra cosa que de los problemas de los niños, de la educación, de las leyes que se promulgan, de los problemas que surgen…Es una vida familiar también volcada en la Educación”
Por eso no hace falta que jure que “he disfrutado mucho con mi profesión. Siempre metida en la educación, en la investigación educativa… la única pena que tengo es no aprender más cosas … ya que siempre se puede aprender más”, dice con manifiesta sinceridad.
Para con el alcalde, Abel Caballero, siempre ha mantenido su “absoluta dedicación al trabajo y un trabajo sin condiciones. Mi trabajo lo realizo con la ilusión de hacerlo bien, hacer lo que se necesita… sin límite de tiempo, ni de esfuerzo ni de dedicación. Incluso pasar esos malos ratos que siempre existen, porque estar al frente de una concejalía supone también escuchar las protestas, a veces, airadas y en las que pasas un mal momento”.
Pero por encima de todo, López Atrio afirma, con honradez, que “a mi no me importa nada más que beneficiar, sobre todo, a la educación de todos los niños e incluso adultos porque la educación dura toda la vida. Lo importante es que la gente comprenda que no debe dejar nunca de formarse, de educarse”.
Formula con sencillez también cuáles son sus deseos más imperiosos como concejal viguesa de Educación. “Que me dejen hacer los proyectos que tengo”, espeta. También aquel que más le seduce –aunque reconoce que difícilmente se realizará- es poner en marcha una escuela municipal de Artes Escénicas y Música. Ya tiene el proyecto, ¡cómo no! “Lo tengo todo menos el dinero . Me encantaría llevarlo a cabo. El edificio existe, al lado del colegio Fleming. Se enseñaría teatro, música, danza… Con un salón espléndido … y permitiría conjugar en un mismo lugar todas las artes escénicas”.
La idea de este proyecto procede de la base de la enseñanza reglada, esto es, lo que los niños tienen que aprender por obligación. López Atrio tuvo músicos en la familia y “siempre me quedó la frustración de no aprender música, aunque el Señor no me dotó con esa capacidad”, reconoce. Y añade como quien lo tiene bien experimentado: “Pero, sí he visto como disfruta la gente con actividades artísticas… En estas actividades las personas además de ser felices con lo que hacen, adquieren una serie de capacidades, valores y disciplina que a mi me parece esencial trabajar”.
Con cierta pesadumbre la concejal explica que este proyecto se encuentra en la fase simplemente de “deseo ya que me parece que no se va a ejecutar por la situación económica actual. También quizá porque no se ha visto desde el punto de vista que yo lo he planteado…”. Insiste la concejal en que “sería algo muy especial este proyecto ya que Vigo, en el centro de la ciudad, no cuenta con un centro de esas características. Tampoco otras ciudades excepto Barcelona que presume de tenerlo, aunque yo llevo dos años con el proyecto en cartera. Y me gustaría dejarle esto a la ciudad de Vigo”.
Laura López Atrio considera un derecho de las personas poder cursar disciplinas como la música, danza, teatro… ¡lo qué sea! Reconoce que en Vigo existen todas estas escuelas pero “están dispersas”. El agruparlas “facilitaría trabajar multidisciplinarmente en un espacio adecuado”. Resumiendo la concejal socialista del gobierno de Abel Caballero califica este proyecto como “calidad educativa de las personas en aspectos distintos a los que se imparten en la escuela”.
La concejal conoce muy bien todos los colegios de Vigo, con sus necesidades, virtudes y defectos. Ya los ha recorrido todos. Pero si tuviera que destacar alguna visita por más emocionante, relata la siguiente: “Aunque se puede decir que los niños emocionan muchas veces, tendría que hacer referencia a una visita al colegio público Fonte Oscura que tiene integrados niños con discapacidades diversas. Desde el niño invidente, a niños que van en sillas de ruedas, niños que no pueden comer por sí solos, niños con plazos de vida breves… El profesorado que los atiende vive día a día toda esa problemática. Y se esfuerzan por tenerlos en las mejores condiciones, incluso les dan besos y caricias. Y los profesores tienen la satisfacción de que niños van encantados al colegio”. Laura califica esto de “positivo, importante. No se trata siquiera de un profesorado de educación especial… Por eso mi concejalía está volcada en cubrir todas las necesidades que puedan tener esos niños, que son muy cariñosos y agradecidos. Así que les llevamos el arte a la escuela o les dotamos de un suelo adecuado en las aulas en el que muchos tienen que arrastrase porque no pueden andar… o los profesores se prestan a inyectarles la medicina que necesitan… Bueno, esto hay que verlo y vivirlo…”, concluye la concejal de Educación. Y se mociona cuando recuerda aquellas palabras de la directora: “A mi nadie me dio un beso y aquí a los niños los llenamos de besos”. Y remata: “Eso sí que emociona…, ¡ver la dedicación profesional de estos profesores”.
Larua se levanta cada día con la cabeza en las cosas que tiene que hacer y “aprovechar el tiempo que tengo”. Intenta “llegar a tiempo a las cosas porque, a veces, piensas tengo que firmar esto …y resolver aquello… Siempre con esa diligencia y que las cosas estén muy bien hechas. Sin importar el tiempo que me van a llevar”.
Llega al despacho del antiguo Rectorado “a las 9 pero no hay hora de marchar. No se cierra el despacho hasta las 4 o las 5 de la tarde. Y he de decir que conmigo quedan funcionarios trabajando que es algo sorprendente. Ellos vienen y no hay límite tampoco. Lo hacen, además, con una dedicación plena. Nos llevamos maravillosamente y lo pasamos bien trabajando. Ellos tienen la misma ilusión que yo en sacar adelante los proyectos”. ¡Vamos, que se le ve muy orgullosa de su equipo!
Al final del día, a la mente de Laura López Atrio acude “aquello que le queda por hacer y la pena de no haber hecho más cosas”. Incluso de cómo llegará a sus manos el dinero para poder resolver distintas necesidades y los proyectos así como el control sobre los centros públicos. Comenta la concejal de educación que durante un año ha tenido a 3 arquitectos en la tarea de recorrer todos los centros educativos para ver su estado y descubrir su necesidades. Con esto se realizó un estudio a fondo de los centros públicos vigueses que se le trasladó a la delegación provincial de educación así como al conselleiro de Educación. “Incluso se le ha instado a participar para realizar lo que ellos tienen obligación de hacer”. Laura López Atrio insiste en la necesidad de “poner al día los centros que algunos ya tienen 30 o 40 años. Quiere que sean útiles y bonitos. Porque los niños que hoy pasan hasta 10 o 12 horas al día estén en un lugar cómodo, agradable, sin frío… ”. Esto en los 53 colegios de infantil y primaria, más 20 institutos… Unos setenta y tantos centros.
A Laura López Atrio le duele ver a veces ciertos comedores escolares demasiado pequeños, como “para salir del paso”; o le duele la falta de aislamiento en las ventanas que haga perder calor a las aulas… Entre otros centros, la concejal destaca el caso del colegio público Vicente Risco, no precisamente ejemplarizante. Un colegio cuyo edificio se construyó de piedra, muy bonito, “está hoy a años luz de lo que debe ser un centro educativo”. Los añadidos son “horribles” y unos condicionantes con los que no se puede continuar así. El problema está en que no hay espacio para ampliar el centro. No hay terreno. Es de propiedad particular y no hay espacio para hacer un colegio decente. “Esto va dejando de hacer lo que se tiene que hacer y se va deteriorando de tal manera que aquello es lo menos parecido a un colegio”, explica sin ambages la concejal viguesa.
Luz, calefacción y agua de los centros educativos así como mantenimiento, porterías y limpieza (2,6 millones al año cuestan sólo los centros de Primaria) corren a cargo del Concello de Vigo. Lo que tratamos de hacer “es no poner parches, si no reparar en condiciones y exigirle a la delegación de Educación que haga la parte que le corresponde. Son los responsables de las grandes obras”, explica con firmeza López Atrio. Y los centros con edades de 30 y 40 años “son los de grandes obras”. Las cubiertas, la carpintería metálica, las tuberías… hay que cambiarlas completas y son grandes obras. “No valen parches como cambiar un tramo de cañería. Hay que cambiarla entera, por ejemplo”.
En su visión de la educación como algo que no se acaba nunca para la persona y que dura toda la vida, Laura López Atrio está muy orgullosa de ser pionera en el programa de alfabetización de personas adultas, de mujeres, en Vigo, allá por los años 92 o 93. “Fue un entusiasmo total. Me parecía imposible vivir sin saber leer ni escribir, sin entender lo que decía un cartel, sin saber contar con los números ni el dinero. Yo no entendía cómo era posible que mujeres hoy en día estuvieran en esa situación”. El programa que creó López Atrio lo gestionó primero la Universidad Popular y luego el concello de Vigo y ahora desde la asociación Mulleres Progresistas se está llevando a cabo. Recuerda con precisión numérica la concejal como “todavía el otro día entregué 166 diplomas de asistencia a las clases de alfabetización. Y me emocioné porque teníamos dos alumnas de 90 años”. Sorprende que aprendieran a leer con esta edad y “lo felices que son”, añade Laura. “Había que ver cómo salía una de estas nonagenarias de casa corriendo con una muleta para ir a clase a aprender y estar pendiente pedir y de hacer los deberes. Ni sus hijos entendían esto…¡Eso es fantástico!”. López Atrio valora el que estas personas adultas son “muy agradecidas” y es que “con una edad muy avanzada han conocido algo que no imaginaban, la educación”.
Ya fallecidos sus padres (la madre hace dos años y el padre cinco), Laura afirma como hija única que “ha valido la pena cuidarlos hasta el final”. Su padre le inculcó que “pudiera vivir por mi misma, sin depender de nadie” y estaba orgulloso de que su hija “modosita y buena hiciera todo lo que tenía que hacer…”. La madre también le insistía en que lo importante era no depender de nadie para vivir. “Para ella era esencial que yo estudiara, que yo me ganara la vida, antes que nada”. Y añade: “fue por lo que luchó y lo consiguió. Yo a mis 20 años ya tenía una carrera e iniciaba la segunda y en modo alguno no he dependido de nadie”.
Sus aficiones van parejas a su profesión. Cine, literatura y confiesa que le gustaría bailar. Y concluye, entre risas, “pero no tengo con quién”.
A esta mujer le gusta ver el mar como contraste al trabajo en lugares cerrados. “Me encanta ir a Samil y mirar al mar. Me gustan las cafeterías que dan al mar y poder serenar la vista así”.
En el plano muy personal, a Laura López Atrio le gusta, entre las flores, las rosas que “siempre son un verdadero placer”. Entre sus películas preferidas Cyrano de Bergerac, aunque “la verdad es que todo el cine me encanta”. Sus gustos musicales pasan “últimamente” por Il divo, “me encanta y tengo todos sus discos. Una de sus canciones del repertorio ‘Isabel’ es preciosa”, dice. Si tuviera que escoger un rincón de una ciudad, Laura López Atrio se inclina por su Ourense natal y de juventud, “por los muchos recuerdos que tengo y porque sigo queriendo mucho a esta ciudad. Vigo hoy no lo dejaría por nada”. Y últimamente se prendó de otra ciudad, Córdoba, “la mezquita es una maravilla”. También Barcelona, “una ciudad preciosa”, y “Gaudí me entusiasma”. Su perfume preferido, Clandestine, que ya ha desaparecido del mercado, explica. Clandestine “quizá porque me gustan los olores próximos a las maderas y no los afrutados, no me gusta la fruta”. Además confiesa que no encuentra un perfume sustituto que se le parezca. Clandestine “tenía un aroma especial pero no era ni intenso ni de esos que dejan recuerdo por donde vas. Me gustan los que, si te acercas mucho, en la intimidad, se notan”. En cuestiones gastronómicas, Laura “no disfruta demasiado comiendo. Me gustan las ensaladas en general y, por supuesto, el marisco no me desagrada nada y, si tuviera que elegir, los percebes me encantan”.
Como concejala Laura López Atrio cree “que es una satisfacción lo que puede aportar a una ciudad, sobre todo en el plano educativo. La educación ha sido una pasión en mi vida. Sólo me ha dado satisfacciones y me las sigue dando. Dentro de este espacio, cada trabajo que se finaliza y se presenta es una verdadera satisfacción”.
Y deja un mensaje para las mujeres y los hombres del futuro. “A los alumnos, y sobre todo a los adolescentes, les diría que no pierdan la oportunidad de aprender. Que es tan enriquecedor, que les va aportar tanto –aunque no sea dinero, ya que no todo es dinero en la vida-, que no logro entender cómo no disfrutan del aprendizaje. Esto es algo que me cuesta entender: ¿por qué ellos no disfrutan? Y, a veces, me decían: ‘-Profe, ¿pero cómo es posible que tu pienses que estudiar es agradable?’ Y no hay cosa más fantástica que aprender, el saber. Entonces mi recomendación sería que los medios económicos se le dedicasen a aprender, porque ese bagaje sí va a cundir en la persona a lo largo del tiempo. Sabemos que el estudio no es una aportación inmediata, pero es tan importante hacer criaturas sensibles, educadas, correctas, amables, que sepan convivir, con comportamientos éticos… No sé, ¡hay tantas cosas…! ¡Qué pena que la gente no aproveche la infinidad de oportunidades que existen hoy en día! Enseñanza reglada, no reglada, todo gratuito, se dan todas las facilidades y opciones por parte de las personas y el Estado, la Autonomía y el Ayuntamiento... Son tantas las cosas a disposición de la gente que no utilizarlas me parece una pena. Creo que las chicas y chicos que van al botellón, que disfrutan de cosas que a corto y largo plazo le van a hacer daño, si lo cambiasen por aprender sería fantástico. ¡Disfrutarían mucho más!”.
En este despacho modesto y sobrio del antiguo Rectorado, nos vamos con el recuerdo de una mujer elegante, servicial, desinteresada, honrada y consagrada, en cuerpo y alma, a la tarea educativa. Un lujo para una ciudad en un departamento municipal como la concejalía de Educación. El Grupo ES. agradece la sinceridad con la que nos ha recibido y ojala otros sepan valorar la dimensión de su tarea que se agiganta al conocerla de cerca, más allá de declaraciones de un momento fruto de la acción política. Desde este edificio se insufla vida al entramado educativo municipal lo que significa muchas familias viguesas con hijos en edad escolar. ¡Laura, sigue en tu empeño, con tus proyectos. Tarde o temprano darán todavía más fruto! ¡El trabajo bien hecho siempre se abre paso!