Inma Shara (Amurrio, 1972) se confiesa tímida. Su apariencia de fragilidad sorprende al verla con la elegancia con la que se desenvuelve en el escenario. Exquisitamente vestida, sus manos, en la derecha la batuta y en la desnuda izquierda se diría que no la necesita, hablan a sus músicos y al público.
Su forma de conducir –una de las pocas mujeres han dirigido una sinfónica-, es, cuando menos, peculiar. Confiesa que para ella es sinónimo de “liderazgo moral” y una orquesta es un organismo vivo susceptible de ser gestionado. En cada concierto, se diría que se mueve al ritmo de la música y todo su cuerpo es referente para sus músicos. No faltan algunos saltos e incluso ponerse cara al público. Transmite de maravilla esa “fantasía acústica” que como directora de orquesta tiene en su cabeza y, a la vez, a los encargados de interpretarla, los músicos, les exige al máximo, tratándoles con una delicadeza extrema, siempre compartiendo con ellos el calor del público. La sinceridad de sus gestos así lo denotan.
Desde la Filarmónica de Israel hasta la Royal de Londres pasando por el reciente concierto en el Vaticano para Benedicto XVI, con motivo de los 60 años de la Declaración de los Derechos humanos, nada se impone con su dedicación y concentración. Siempre en su intención está emocionar al público. Su ilusión, que define como “motor incontrolable”, hace que ansíe y busque encontrarse con el público.
Llama la atención su entrega física, emocional y psíquica en el escenario. Asegura que el único límite es la salud. En su interpretación de las partituras transmite mucho sentimiento. No hay más que verla dirigir “La recuperación” de Tchaikovsky para concluir que este autor le inspira el sueño de vivir por la gran fuerza instrumental y la fuente de nostalgia que mana de su batuta o mejor de toda su figura. Es tal su fuerza en la dirección que el público se queda embelesado con los movimientos de su figura en el escenario –siempre elegantemente ataviada-, prescindiendo el público de fijarse en los músicos, en cambio éstos no pierden uno solo de sus gestos, viva encarnación del pentagrama.
Romántica, por supuesto. La música es su vida –no su profesión-, una pasión y un privilegio. “Es una forma de vivir, sentir, transmitir, amar la vida”, declara. Y añade: “El alimento del espíritu”. Su comunicación es muy afectiva. Y su afán es dar felicidad a los demás del modo más sincero, a través de la música, el lenguaje más universal. Esto es posible porque ella es “feliz intrínsecamente”.
Reivindica más protagonismo a la música que conceptualiza como “reducto educacional”. Por eso cree que la educación musical debe tener una mayor relevancia en la educación de nuestros niños y jóvenes. Para Inma Shara, “la música fomenta los valores necesarios para la formación de la persona”. Ella bien lo sabe bien ya que se inició en el mundo musical con 4 años.
Entre sus valores está el compromiso. Se siente a gusto en los conciertos solidarios que lamenta no sean más.
Es capaz de buscar la soledad para darse a la reflexión y así hacer brotar la creatividad. Cuando puede aislarse de viajes, hoteles, ruedas de prensa, conciertos… es capaz de darse jornadas de hasta 12 horas de estudio.
Si la música es su sueño artístico, el otro sueño de Inma Shara es viajar a África. Le atrapa el continente Negro y sus gentes. En uno de sus viajes, le cautivó aquel niño que al regalarle chocolate enseguida se fue a sus amigos para compartir el excepcional obsequio. Por el contrario, pensaba, en Europa, quizá un niño actuaría de otra forma y se quedaría para él sólo el regalo. ‘Memorias de África’, con todo el romanticismo de Karen Blixen y Hutton, es una obra de cabecera para esta joven mujer vasca directora de orquestas sinfónicas.
En sus gustos musicales no faltan pinceladas patrias como las composiciones de Manuel de Falla.
Shara cree que la cultura es importante porque “construye sociedad, la cohesiona”. Y, además, “la cultura genera felicidad, una felicidad cualitativa no cuantitativa”. Algo que se siente inexcusablemente cuando uno está lejos de España –ella vivió 20 años fuera- y que describe como “algo que te mueve por dentro”.
Estamos, sin duda, ante una mujer íntegra, trabajadora, religiosa, muy refinada y de una sensibilidad exquisita que seguirá dando muchas horas de felicidad a todos los que se acerquen a su música. Para el Grupo ES. ha sido un placer conocerla y acompañarla en uno de sus conciertos en Galicia. Pudimos comprobar que hace que las estrellas brillen más que nunca, los corazones latan con más fuerza y que, a través de su música y puesta en escena, nos traslade a un mundo de paz y armonía. Bien merecido es que nuestro próximo encuentro sea donde Inma puede hacer sentir, brillar y dejar reflejado que, no sólo es una directora de orquesta, en lo que para ella en estos momentos sería un deseo que cumplir, dirigir el concierto de Año Nuevo en Viena, Austria. Allí te veremos, te lo mereces. Felices fiestas de toda Galicia.