El secretario general de la Fundación Laxeiro, Carlos García-Suárez Otero, nieto de José Otero Abeledo, Laxeiro, está a punto de entregar al público el ‘Catálogo universal razonado de Laxiero’. "Un proyecto que hemos preparado desde que arrancó la Fundacion Laxeiro, (1999), tres años después de la muerte de mi abuelo. Comenzamos ‘expertizando’ porque había en el mercado falsificaciones de su obra y empezamos a certificar sus cuadros. Se nombró dentro del patronato una comisión de expertos y sirvió además de asesoramiento y defensa de la obra de Laxeiro para evitar que alguien compre algo que no sea original. Ahora tenemos un lugar donde referenciar la obra".
-Aún así, ¿habrá dudas sobre la autenticidad de algunas obras?
-Si, en muchas. Y esto a pesar de que se hace un seguimiento razonable, un historial, se examinan técnicas, antigüedad del óleo… Es un proceso bastante complejo y todas las consensuadas se van certificado su autenticidad.
-Un trabajo que se pudo aprovechar posteriormente, ¿no?
-Sirvió para ir creando una base de datos que fue creciendo … Algunas de estas obras las cedimos a la Fundación Barrié para elaborar el año pasado un libro de celebración del centenario. Así, lo que inicialmente el patronato de la Fundación Laxeiro había fijado su objetivo en 2.000 referencias, se ha quedado pequeño. Hemos cerrado estos días un libro, en tres tomos, con 3.580 reproducciones de la obra de Laxeiro.
-El proyecto inicial fue creciendo hasta donde no se podía sospechar…
-Es muy ambicioso. Un proyecto que superaba el presupuesto anual de la Fundación de un año -y no como el de este año de crisis-. Requirió un presupuesto paralelo con ayudas de la Xunta de Galicia y algunas empresas que nos han encargado libros para utilizarlos como regalo institucional de empresa. La única forma que tenemos de financiar este ‘Catálogo universal razona de Laxiero’ es con la venta del libro.
-¿Cuándo su presentación?
-Pues a mediados o finales de este mes de noviembre. Para que en Navidad esté en las librerías y se pueda regalar.
-¿Qué tiene de novedoso este proyecto?
-Lo que se buscó es que el catálogo fuera a la vez artístico y técnico de acuerdo con las directrices del patronato. Así el que quiera profundizar en una obra va a disponer de amplia información para hacerlo y el que quiera simplemente disfrutar de las piezas de Laxeiro encontrará un libro artístico, luminoso y divertido. Se publicará en tres volúmenes, dos en papel con una selección de 500 reproducciones de la mejor obra de Laxeiro y, un tercer volumen con un DVD y que llevará en papel, tamaño diapositiva, las 3.580 obras, muy útil para que alguien que esté buscando algo en su obra. Vendrá muy bien para comisarios o gente que quiera realizar una exposición, los que quiera ver las etapas de su obra …, porque va a estar cronológicamente ordenada.
-El Dvd permitirá manejar la obra de Laxeiro…
-Claro, porque con el PC o el portátil se podrá ver a gran tramaño la obra que se desee. Además cuenta con un motor de búsqueda muy potente que permite localizar la obra desde distintos criterios de búsqueda (fechas, técnica pictórica, nombres, temática…). Todo esto ha significado realizar un trabajo muy arduo que queríamos haber presentado el año pasado con motivo del centenario del nacimiento de Laxeiro, pero no lo conseguimos cerrar porque llegaban obras continuamente. Esto ha ocurrido con el actual que hemos cerrado la publicación y han quedado fuera unas 50 obras. Éstas y otras que presumiblemente aparecerán tendrán que esperar unos 10 años cuando publiquemos un extra para completar el Catálogo.
-El catálogo, ¿herramienta imprescindible sobre Laxeiro?
-Sí, claro. Es el proyecto más ambicioso que asumió la Fundación desde que se puso en marcha y el que da sentido a todo. De esta forma para los vigueses y gallegos es una forma de poner en valor a Laxeiro como un pintor nuestro y, a la vez, muy universal. Este catálogo es la pieza que faltaba para situar en el mundo universal a Laxeiro.
-Al quedar algo de su obra fuera, ¿cuánta recoge el Catálogo?
-Calculamos que un 70 u 80%. El problema de encontrar obra de Laxeiro pasa por analizar los dos motivos por los que la gente posee obra de mi abuelo. Una es por su valor ya que es uno de los mejores artistas plásticos que dio el siglo XX y, otra, por su carisma personal. Existen propietarios que tienen piezas de Laxeiro independientemente del valor de la pieza en sí. Y otros por el recuerdo o el cariño. Muchos dicen yo conocí a Laxeiro en el Goya… Y tiene su obra por un valor sentimental. Éstos son muy reacios a dejar la obra.
-¿Cómo conseguís que os dejasen la obra para el Catálogo?
-Con algunos cuadros tuvimos hasta problemas para fotografiarlos. Traíamos todas estas obras a la sede de la Fundación y llamábamos a un fotógrafo que realizaba unas sesiones de fotos con sus flashes para quitarles reflejos…y lograr una foto de calidad que también tuviera calidad al reproducirla después en papel. Además, en ese tiempo, tratábamos de tener una reunión de espertización una vez al mes. En ocasiones se dilataban o se hacían dos y cuando se alargaba ya estaban llamando para saber si lo podían venir a buscar. Yo lo comprendo porque aunque está asegurada la obra, nosotros tenemos una póliza que cubre la pieza, además entregamos una ficha al propietario incluyendo todas las características para que sepa que la pieza está a buen recaudo, tenemos la ventaja de estar en el antiguo Banco de España con una caja fuerte que yo creo que es la mejor en Vigo con mucho y una obra de arte en sí misma, y, por otra parte, el edificio está dotado de medidas de seguridad. Pero tienen esa inquietud de ‘tener un hueco’, un vacío, en la pared que les recuerda que les falta algo. Una obra es irremplazable. Si por cualquier cosa se deteriorase, tendríamos que pagar el cuadro, pero ya seria otra obra. Por eso hay gente que pide una barbaridad de tasación del seguro porque para el propietario lo vale. Sobre todo cuando se trata de un retrato familiar…
-Llega obra de todo tipo a la Fundación, ¿no?
-Aquí la gente nos ha traído verdaderas maravillas de bocetos o apuntes. En el 2000 arranqué con una exposición que luego repetí anualmente titulada ‘Dibujos inéditos’. Es ese dibujo de Laxeiro fácil, rápido de retratos, apuntes, … Tiene una serie muy socorrida: ‘Buscando cousas’. En libretitas pequeñas iba haciendo bocetos que luego podían generar una obra muy bonita. Un caballo, con una vaca, con una paisana… montados unos sobre otros,,…con un fondo…una sombra… tomados en momentos sueltos, generaba una cosa muy bonita, muy armónica. Estas son piezas de las que eché mano para hacer luego el catálogo universal.
-¿Qué es lo que te ilusiona y anima en esta terea desde la Fundación?
-Ese respecto artístico, personal por Laxeiro y ese cariño con el que ves que te habla la gente es lo que te anima para seguir tirando adelante y apostando por él. Es una de los activos que tenemos. Es uno de nuestros mayores activos… Esto lo estoy reivindicando continuamente a nuestros políticos. Vamos a exportar lo que tenemos. Está bien ver lo que hacen los otros y traerlo aquí. Oye, el MARCO está haciendo exposiciones preciosas y muy buenas. Implicando a gente joven de la zona. Pero, si tenemos unos activos importantes, yo creo que es nuestra obligación darlo a conocer. Es decir, en Vigo tenemos un buen clima, una ciudad encantadora, un paisaje extraordinario, gastronomía ni te voy a decir y ¿arte?. Mucho arte. Y de calidad, sin complejos. Y esto es por lo que tenemos que apostar todos. Vamos a apostar por cosas que nos atraigan a gente. También soy partidario, aunque hemos dejado piezas de la colección, que unas determinadas no se muevan más. Podemos enseñar una parte del pastel, pero la guinda que la vengan a tomar aquí.
-¿Cuidaba su obra? ¿ordenado?
-Mi abuelo lo podías encontrar en Vigo en el Goya o en el café Gijón, en Madrid, a horas intempestivas. Era su oficina. Quizá por eso y pareciendo bastante disipados, pero, como comentaba antes las 3.580 piezas localizadas, y la obra que nos queda, demuestra todo lo contrario. Era una persona muy trabajadora, con una metodología de trabajo. Inicialmente le encantaba lo que hacía. El vivía para pintar. Y vivía de lo que pintaba. Con lo cual una cosa te liga a la otra.
Era autodidacta. Se hizo a sí mismo. Con una capacidad para el dibujo impresionante. Los retratos, para mi, son de primerísimo línea a nivel internacional…
-¿Retratos y autorretratos?
-Sí. Autorretratos tenemos tres de él en la colección. Laxeiro cuando vino para Vigo, la ciudad ya tenía una sociedad burguesa por las conserveras catalanas… Ya era una ciudad distinta al resto de Galicia. Una ciudad donde se apreciaba el arte, se valoraban… Cuadros de mi abuelo del año 40, piensa uno, hay que estar loco para comprar una pieza así, en esos momentos. Ahora quizá la pudiera comprar cualquiera. En esos momentos había que tener un poco de visión de futuro para arriesgarse a comprar una cosa totalmente rompedora. Y ya tenía abstractos entonces. Por eso cuando la gente dice que las piezas de Laxeiro de la última época o las de las primera. Yo me pregunto: ¿cuál es la primera época y cuál es la última? Tiene abstractos del 50 que son más rompedores que algunos hechos en los años 90. O al revés. En los 90, cuadros costumbristas gallegos que la gente los clasificaría en la primera época. Y esta es la gran ventaja de Laxeiro de poder hacer esto … el pintor cuando pasa ciclo es muy difícil que repita. Él tenía esa capacidad que le viene del dibujo. Por eso, muchos discípulos de él, cuando hablas con ellos dicen me traía frito porque me hacía pintar clásico o dibujar, y yo quería hacer rayas. Y les decía que ya habría tiempo para rayas que lo primero que tenía que hacer era dibujar.
-¿Cómo se enfrentaba con el lienzo?
-Sin ningún tipo de problema, centraba las piezas perfectamente bien, ocupando todo el papel. Tenía una disposición impresionante. De aquí fue evolucionando y buscando nuevas fórmulas. Pero siempre con la raíz nuestra, gallega. Hay un solo tipo de pintura que solo entendemos aquí, ‘la negra’. La costumbrista que es muy tétrica decía un amigo de Navarra. Sin embargo, este mismo colega cogía otras obras de abstracción y decía que parecía otro pintor completamente distinto
La abstracción era lo que les hacía llegar por otra vía. Nosotros al revés y en otras partes de España de la abstracción llegaban a la figuración. Y está bien, porque tiene un registro que para cualquier tipo de obra que te guste siempre vas a tener a algo que ver de él. Yo creo que esto es uno de los valores añadidos de Laxeiro.
Carlos, ¿qué trato tuvo con tu abuelo?
-Bueno, él vivió muchos años en Buenos Aires. Cuando volvió aquí ya fue en los comienzos de los años 70. Hizo algún viaje esporádico, de hecho tengo alguna cosita de él, hecha en algunas vacaciones, en Navidades. Lógicamente, venía por nuestra casa. Y cuando estaba por aquí las fiestas las pasábamos juntos. Obviamente no era un abuelo típico, de zapatillas y esperando en casa, cuando llegaba. Pero sí era muy familiar, muy cariñoso, muy entrañable. Nos quería, se involucraba y se preocupaba mucho.
Yo viví con él una relación más intensa en la adolescencia, un poco ya pasada. Era una persona que le encantaba estar con más gente, disfrutaba teniendo gente alrededor.
-Así era contigo, ¿y con otra gente?
-Con él se nos fueron las tertulias en Vigo, la tertulia de café como se entendía en el café Goya y en el Gijón de Madrid hasta que murió. El estaba tanto con gente consagrada como con los que empezaban. Cuentan artistas consagrados que en esa época eran chavales que los recibía y los atendía como si fuera un colega de toda la vida. Entonces, el que quería conversar, tenía un hueco. No ponía trabas. La semana pasada en Madrid, en el Gijón, me comentaban lo mismo. El alma final de las últimas tertulias se fueron con él. Me contaban cómo congregaba a la gente…, como parecía el café la embajada de Galicia. Cualquier gallego que pasaba por allí, iba ex proceso al Gijón a ver a Laxeiro. Allí coincidía con Maruja Maio, … con toda la gente que tenía algo que decir culturalmente. Estaban con él allí. Y estas fueron algunas cosas que le fueron forjando a él.
-Le apasionaba el arte...
-Él era muy intuitivo, muy autodidacta. Entendía muchísimo de arte. Le encantaba la pintura. Era de los que se podía perder en El Prado. Y se quedaba allí. De allí sacaba la fuerza y los criterios para hacer después sus piezas. Y todo lo demás era mucha imaginación. También escribía muy bien. Otro proyecto que tenemos es publicar unos libros con textos suyos. Tiene algunos cuentos e incluso una obra de teatro esbozada. Un gran conferenciante… en Argentina.
Mi relación un poco más profunda fue a partir de los años 80. De aquella era un chavalete, pero ya quedaba con él para tomar un café por la noche. Vívía un roce un poco mayor al estar aquí a pesar de que se movía entre Lalín, Madrid y Vigo, pero pasaba la mayor parte del tiempo en Vigo.
-¿Hablabais de pintura? ¿Vislumbró la futura Fundación?
-El hizo una donación muy generosa a la ciudad de Vigo que fue la que propició la Fundación Laxeiro. Inicialmente era una donación de una cantidad de piezas y una cesión de otras en depósito. Y esto dio lugar a la Fundación. Los primeros pasos se dieron siendo Manoel Soto alcalde de Vigo. Entonces, se hizo la casa museo en la plaza de la Princesa. Laxeiro quiso que la ciudad que generosamente le había acogido –le nombraron vigués predilecto, le dieron la medalla de oro de la ciudad, y vigués adoptivo-. El era natural de Lalín pero se sentía un vigués como el que más. Y ahí es donde puso el germen que posibilitó la Fundación y una vez fallecido se pudo reunir entre la obra que donó y la que cedió 68 piezas que tenemos en la Fundación como colección permanente y que son un patrimonio de Vigo. Nosotros desde la Fundación lo único que hacemos es tratar de custodiar esta colección, conservarla y difundirla. Pero la propiedad es del pueblo de Vigo y fue lo que posibilitó hacer la Fundación. Su intención era dejar su legado a Vigo.
-Una vez presentado el Catálogo universal, ¿cuáles son los proyectos de la Fundación?
-Seguimos con la catalogación universal porque siguen llegando piezas para descubrir. Trataremos -en este año complicado en el que tuvimos un recorte importante de patrocinadores y lo que suena a Cultura es lo primero que se recorta-, de mantener los mínimos: servicio de espertización para los que tienen ‘Laxeiros’. Continuaremos las visitas guiadas para escolares, aunque nos cuesta mucho esfuerzo, y que aumentan año tras año y están muy arraigadas en lo colegios no sólo de Vigo sino de toda Galicia. Y, en cuanto a exposiciones, menos de las previstas... Trataremos de mantener la de ‘Dibujos inéditos’ que hacemos todos los años y estamos estudiando alguna que nos pueda servir para situar a Laxeiro con sus coetáneos. Hemos hecho ya alguna exposición para ver qué similitudes había en lugares tan dispares como entre Alemania y Galicia, en tiempos en que las comunicaciones no eran como ahora y cómo había unos flujos culturales que se movían en el tiempo.
Seguiremos reivindicando la figura de Laxeiro. Además tenemos pendiente una gran exposición que en su momento hicimos con el Reina Sofía. Hicimos unos contactos para ver si podíamos hacer una antológica de Laxeiro, un poco a raiz de la que se había hecho en el CEGAG en el 96 y después también la de Conde Duque en Madrid que fue un éxito tremendo. Al haber cambio de directores en los museos, tal vez tengamos que buscar otro camino.
Queremos también preparar proyectos para cuando vengan tiempos mejores como las del otro lado del Atlántico que iniciamos en Cuba una serie de viajes. Visitamos Argentina, Lisboa y Canarias manteniendo ese ‘espíritu atlántico’ que él siempre sostuvo y que nos une un poco. En Buenos Aires, en todos los años que vivió Laxeiro, fue vicepresidente de la Asociación de Artistas Plásticos de Argentina- (él único extranjero que estuvo en este cargo), en unos momentos complicados con los generales y que nadie se quería pronunciar. La verdad es que está muy arraigada allí su figura. Le tienen un cariño tremendo y un respeto tremendo. Es otro de los embajadores que tenemos de Galicia en América. Y esto tenemos que seguir fomentándolo. Sería un lujo desperdiciar ese vínculo. La Fundación va a seguir por estas líneas. Reivindicar su figura y tratar de hacerla ver que es de todos. No es patrimonio de nadie en concreto.
-Se cumple así ese fin de la Fundación Laxeiro de llevar su figura más allá de Galicia…
-Si nosotros preparamos una exposición que se titulaba ‘El eterno retorno’, porque mi abuelo estuvo de chaval en Cuba. Había visto allí una exposición de Correa Corredoira que le había impactado mucho. El ya llevaba el germen de la pintura. Estuvo proyectando y decorando vidrieras artísticas para una empresa que había en Cuba. Empezó echando una mano y al final acabó él como decorador, como diseñador. Yo parto de una teoría, y que conste que estoy aquí por amor al artista más que por amor al arte, de que hasta ese trazo grueso que es tan característico de Laxeiro, creo que tuvo su origen en le plomo que se utiliza para emplomar las vidrieras. Puede ser o puede no ser. Pero de ahí arrancó él y siempre tuvo la añoranza de volver a Cuba, país al que ya no regresó. Vino de chaval para acá y no regresó nunca más. Y, sin embargo, tenía la Cuba de aquella época muy idealizada. De hecho cualquier cubano que venía aquí, lo primero que hacía, antes de ir al consulado, iba a casa de mi abuelo, directamente, que con algo saldría. Con una comida, con un dibujito… o con el empujón de 'vete a ver a fulanito allí que te tratará bien'… buscando algo para poder sobrevivir. Siempre tuvo ese afán por eso titulamos la exposición ‘El Eterno Retorno’. Tuvo un gran éxito en los primeros años de la Fundación. Luego tuvimos que suspender la exposición de Argentina por el corralito. Marchamos a Canarias para no perder esa vinculación Atlántica. Al año siguiente fue la de Lisboa con el Instituto Cervantes y luego volvimos al museo de Bellas Artes de Argentina donde fue un récord de visitas en el tiempo que llevaban organizando exposiciones. Ese 'vínculo Atlántico' está ahí tanto artístico como personal.